martes, 24 de enero de 2017
La ciencia ficción y el cine
La filmografía de ciencia ficción ha pasado a ser uno de los géneros de comunicación masiva más atractivo de nuestra época, en parte por la espectacularidad efectista de la que se ha visto rodeada; todo ello enmarcado en el progresivo avance tecnológico contemporáneo que representa un rasgo propio de nuestros siglos (tanto el XX como el XXI).
Sin embargo, al perder su dimensión meramente instrumental, la tecnología adquiere y consolida en las películas una independencia o autonomía que hace que escape al control y conocimiento racionales, para rodearse de un halo maravilloso que se encaminaría al mismo tiempo hacia lo mágico y lo mítico, constituyéndose además en una manera fantástica de especulación científico-imaginativa, y en una forma de concebir, comprender e interpretar el presente por medio de un distanciamiento en el tiempo que supone aceptar como coordenada temporal un futuro (in)mediato (Arizmendi, 1975).
La ciencia-ficción pareciera llevar implícita la advertencia, observación y comprensión de un mañana que se constituye en reflejo y consecuencia del momento presente cuya realidad podría evidenciar una perspectiva optimista o pesimista de la relación del hombre consigo mismo y con su entorno, conduciendo a que el lector (asumido como el destinatario de la producción filmográfica) vislumbre la existencia de ciertos “presupuestos científicos que, en la mayoría de los casos, ignora” (Arizmendi, 1975) y que serían determinantes para el juicio sobre esas realidades a futuro.
Es por ello que la presencia del elemento científico representa uno de los motivos más sugestivos y atrayentes para el público receptor que se sumerge en la perspectiva de una sociedad tecnificada que ha descubierto, gracias a la tecnología, inimaginables recursos y relaciones con y a partir de los mismos.
Cerrando con el punto de vista filmográfico, podría considerarse que la mejor ciencia-ficción es aquella que construye sus argumentos para proyectar en el futuro el temor del presente (Cruz, 2008). En cambio, la mala ciencia-ficción se centra en distorsionar evidencias tecnológicas y científicas (entre otras cosas) para meterlas dentro de fórmulas y apreciaciones que resultan arbitrarias, descontextualizadas y evasoras de la realidad.
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